lunes, 18 de abril de 2011

Basta con leer los diarios, encender la radio o la televisión para darnos cuenta de lo que esta sucediendo en todo el mundo, las inundaciones, calentamiento global, terremotos, maremotos, tornados; provocados por una enfurecida naturaleza que obra sin piedad, acabando con miles de vidas y todo lo que encuentra a su paso, como si estuviera reclamando con creses el daño que le ha causado la mano inclemente del hombre. La sociedad debe conocer que el neoliberalismo a pesar de ser una ideología económica joven, llamada también capitalismo corporativo y hasta la economía suicida; es la que actualmente domina las políticas de la economía global, y es utilizada como factor dominante en los gobiernos de muchos países, tanto ricos como pobres.

Estos personajes pertenecientes a las clases neoliberales, no les importa para nada la democracia, la educación, la protección del medio ambiente, la igualdad de condiciones, la justicia, los derechos humanos y la paz para cualquier pueblo. Generalmente hablan de paz, cuando son los principales financiadores de la guerra, pregonan la democracia cuando invaden a otros países, imponiendo sus culturas, apoderándose y aprovechándose indiscriminadamente de sus recursos naturales. ¿Que hacer? se pregunta la sociedad agobiada. Si echamos un vistazo a la realidad nacional, Colombia es un país altamente excluyente, capitalista, donde unos pocos concentran las riquezas, la corrupción política, la inferencia norteamericana; son estos modelos económicos, que tiene al país con altos niveles de miseria, desempleo y violencia social. El medio ambiente también esta seriamente afectado, por la extracción irracional de los recursos naturales por parte de las multinacionales extranjeras, que no les importa los daños ecológicos que causen, sino, llenar su fortín económico y el de las clases dominantes de la burguesía colombiana.

Entonces el llamado hombre moderno no ha cambiado, sigue siendo el mismo bárbaro de antaño que lleva dentro de si, la perversidad que a través de la historia ha causado desolación y muerte. Una realidad dura de aceptar, pero si no partimos de esta, no habrá posibilidad de una transformación, pero una transformación interior del hombre, este no puede seguir siendo el mismo soberbio, egoísta, orgulloso y cobarde que no le importa destruir vidas, destruir su entorno con tal de satisfacer sus caprichos, dándole rienda suelta a su odio, codicia, venganza causando pobreza, miseria, dolor y muerte a su alrededor.

Afortunadamente la educación una vez más, juega un papel importante en la historia del ser humano, porque a pesar de todas las barbaries cometidas, existe la posibilidad de lograr a través de la sociedad del conocimiento que ésta y las futuras generaciones no cometan los mismos errores, logren a demás de educarse, emanciparse y vivir en completa armonía con la naturaleza. El docente debe seguir dando ejemplo, enseñando con responsabilidad social, donde su pedagogía propenda por la construcción del amor, la humildad, la sencillez, la tolerancia, el respeto por la naturaleza y sus semejantes. Promoviendo en los jóvenes una conciencia critica de la realidad mundial y en contexto, para que ellos sientan la necesidad de cambiar, vivir en armonía, defender sus derechos y el de los demás.